Como la mayor parte de las obras de Irène Nemirovsky, David Golder tiene un importante trasfondo biográfico, más evidente de hecho que en títulos posteriores. También presenta otros rasgos que serán característicos de la narrativa de la autora: el retrato de un mundo de lujo y ostentación donde no hay lugar para otra cosa que la frivolidad y el esnobismo, el examen de la consciencia que intenta aferrarse en algún sitio ante su caída inminente, la fragilidad de una generación de posguerra destinada (aún no lo sabía la autora) a otra guerra todavía más terrible, y, por encima de todo, la crítica a una sociedad judía que Némirovsky desde muy joven había rechazado (ella y su marido se convertirían al catolicismo en 1939), y cuyos más altos valores no escondían, según ella, otra cosa que el afán de ganar siempre dinero a cualquier precio.
Inspirándose, pues, en la figura de sus propios padres, Némirovsky traza hábilmente el personaje de David Golder, millonario judío hecho a sí mismo y curtido en los negocios, y de su familia: su despilfarradora e interesada esposa, en cuyo vocabulario no figura la palabra amor, y su querida hija, ser caprichoso y egocéntrico en el que se aúnan los vicios de una existencia engendrada entre lujos pero sin afecto, y los de una generación que, teniendo el mundo ya en sus manos, ha crecido en la absoluta frivolidad y en una total ausencia de ideales.
http://unlibroabierto.wordpress.com/2010/03/30/david-golder-irene-nemirovsky/
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